Clarín, el diario que Argentina nunca dejó de discutir

Hay países donde los periódicos informan. Y hay países donde los periódicos son, además, un tema de conversación nacional. Argentina pertenece a la segunda categoría, y buena parte de la responsabilidad la tiene un diario que nació en 1945 con un nombre tomado de un instrumento pensado para llamar la atención: el clarín, esa trompeta breve que en los cuarteles anunciaba que algo importante estaba por suceder.
Ocho décadas después, es difícil explicar la Argentina moderna sin explicar a Clarín. No porque sus tapas hayan sido siempre las más acertadas —no lo fueron—, sino porque pocas empresas de prensa en el mundo hispanohablante han acumulado tanta audiencia, tanto poder económico y tanta capacidad de generar discusión en una sola marca.

Un diario hecho para la gente común

Roberto Noble lanzó Clarín el 28 de agosto de 1945. Venía de la política provincial y entendió algo que muchos editores de su época despreciaban: el lector masivo no quería tratados doctrinarios. Quería entender la noticia en un lenguaje directo, seguir el fútbol con pasión y, sobre todo, encontrar trabajo, casa o una habitación en alquiler en los avisos clasificados.
Ese último detalle resultó decisivo. Los clasificados de Clarín se volvieron legendarios en la Argentina; durante décadas, conseguir empleo o mudarse pasaba, en buena medida, por sus páginas. El diario se presentó como "una gran tribuna de doctrina", la frase que todavía figura en su cabecera, pero en la práctica se ganó otro apodo más humilde: el diario de la gente.
Noble murió en 1968, relativamente joven, y el destino de la empresa pasó a su viuda, Ernestina Herrera de Noble, que condujo el grupo durante casi cinco décadas, hasta su alejamiento del directorio en 2017. Bajo su gestión, lo que era un periódico popular se transformó en otra cosa, algo mucho más grande.

De la tribuna al grupo

A partir de los años ochenta y sobre todo en los noventa, Clarín dejó de ser un diario para convertirse en un conglomerado. La empresa compró participación en Papel Prensa, la fábrica de papel de diario. Cuando el Estado privatizó Canal 13 y Radio Mitre, el grupo se quedó con ambos. Sumó canales de cable, la señal de noticias TN, los derechos del fútbol a través de Torneos y Competencias, un diario deportivo, revistas, imprentas, portales de internet.
En su punto más alto, un solo grupo económico decidía gran parte de lo que los argentinos leían, veían y escuchaban. Esa concentración fue, durante años, un rasgo apenas comentado de la vida pública. Hasta que dejó de serlo.

Los años que todavía se discuten

Toda historia larga tiene capítulos incómodos, y Clarín no es la excepción. El más debatido es su conducta durante la última dictadura militar (1976-1983), cuando el diario siguió publicando mientras la mayoría de los medios acompañaba, con distintos grados de entusiasmo o silencio, al régimen. Investigaciones posteriores revisaron esa relación, y la compra de Papel Prensa al entorno del financista David Graiver, fallecido poco antes de la operación, generó reclamos judiciales y políticos que se prolongaron durante décadas, con versiones encontradas sobre si hubo coerción o no. Los tribunales terminaron cerrando la discusión, pero en la Argentina estos expedientes rara vez se archivan del todo, al menos en la memoria colectiva.

La guerra

Si hubo un momento en que Clarín dejó de ser un medio para convertirse en actor político central, fue en marzo de 2008. El gobierno de Cristina Fernández de Kirchner elevó las retenciones a las exportaciones de soja, el campo salió a cortar las rutas, y la cobertura de los medios del grupo fue percibida por la Casa Rosada como una apuesta abierta por el lado rural del conflicto.
Lo que siguió fue una disputa que los propios protagonistas llamaron "guerra". El gobierno retiró la publicidad oficial del grupo, cuestionó su concentración de licencias y promovió una nueva ley de comunicación audiovisual, sancionada en 2009, que imponía topes a la cantidad de señales que una misma empresa podía controlar. Clarín respondió con la etiqueta de la libertad de expresión y con amparos judiciales. Hubo una fecha señalada, el 7 de diciembre de 2012, cuando todo el país esperaba saber si el grupo cumpliría la ley o resistiría; resistió, protegido por la Justicia. Recién en 2013, con un fallo de la Corte Suprema que validó gran parte de la norma, el desenlace se volvió inevitable: en 2014, el Grupo Clarín se dividió en empresas separadas.
Cada lado contó la historia a su manera, y buena parte de la sociedad argentina eligió bando. Para unos, el Estado había intentado disciplinar al periodismo. Para otros, se había demolido un monopolio privado que condicionaba a la democracia. Probablemente había algo de ambos, y probablemente también ninguna de las dos versiones alcance a explicar del todo lo que pasó.

Después del ruido

Con el cambio de gobierno de 2015, la confrontación se enfrió con una rapidez casi incómoda. Las empresas escindidas siguieron sus propios caminos —la de cable terminó fusionándose con una telefónica— y el diario volvió a ser, en apariencia, un diario.
Pero la apariencia engaña. Clarín sigue siendo el matutino de mayor circulación de la Argentina, y su sitio web figura entre los medios de información más leídos del mundo hispanohablante. Sus periodistas investigan, sus columnistas discuten, sus coberturas deportivas siguen siendo un imán de lectores. El poder no desapareció: se redistribuyó, se volvió más poroso, más disputado por redes sociales, plataformas y medios nuevos. Como le ocurrió a toda la prensa del planeta.

Qué dice Clarín de Argentina

Quizá lo más interesante de esta historia no sea el diario, sino lo que el diario revela del país que lo lee. En la Argentina, decir qué medios se consumen dice casi tanto de una persona como su voto. Ese fenómeno no nació con Clarín, pero Clarín lo condensó como nadie: fue gobierno y oposición, aliado y enemigo, espejo y blanco, según la época y según quién lo mire.
El instrumento que le dio nombre servía para convocar a la asamblea. El periódico que lo tomó prestado sigue convocando, cada mañana, a millones de lectores. Y sigue generando discusiones de sobremesa, que es, en el fondo, la prueba más honesta de que una gran tribuna de doctrina sigue en pie.

Source: HotArticle

Original link: https://www.hotarticle24.com/5sgojmp1

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