Históricamente, la imagen de la Secretaría de Marina (SEMAR) en México evocaba patrullas costeras, rescates en altamar y operaciones discretas contra el narcotráfico. Sin embargo, en los últimos años, esa estampa ha cambiado radicalmente. Hoy, la Marina mexicana no solo vigila las aguas; administra aduanas, opera aeropuertos, construye tramos ferroviarios y gestiona una aerolínea comercial. En el centro de esta transformación sin precedentes se encuentra un hombre de perfil bajo y larga trayectoria: el almirante José Rafael Ojeda Durán.
Nacido en 1954, Ojeda Durán dedicó más de cuatro décadas a la institución antes de asumir su cargo más visible en el gabinete presidencial. Su ascenso a Secretario de Marina en 2018, bajo la administración de Andrés Manuel López Obrador, no fue una sorpresa para quienes conocen los pasillos de la dependencia. Se le reconocía como un oficial de línea, disciplinado y profundamente institucional. A diferencia de otras figuras políticas que llegan a cargos de seguridad con discursos grandilocuentes, Ojeda siempre ha mantenido un tono sobrio. Su liderazgo se ha basado en la ejecución silenciosa. Cuando el gobierno federal decidió depositar una confianza extraordinaria en las Fuerzas Armadas para tareas civiles, el almirante no cuestionó la directriz; adaptó a su institución para cumplirla.
Lo que distingue a la gestión de Ojeda Durán no es solo el combate al crimen organizado —una tarea que la Marina ha realizado con notable eficacia técnica e inteligencia durante años—, sino la expansión masiva de su cartera administrativa. La asignación del control de las aduanas marítimas y los recintos portuarios a la SEMAR fue el primer gran salto. El argumento oficial era claro: utilizar la disciplina militar para erradicar la corrupción que históricamente había permeado el comercio exterior.
Bajo su mando, los oficiales navales pasaron de inspeccionar embarcaciones a auditar contenedores y recaudar impuestos. Poco después, la institución asumió la administración de los Aeropuertos y Servicios Auxiliares (ASA), la construcción del Tramo 5 del Tren Maya y el desarrollo del Corredor Interoceánico del Istmo de Tehuantepec. Más recientemente, se le encomendó la operación de la nueva aerolínea estatal tras la compra de los activos de Mexicana de Aviación. Esta metamorfosis convierte a Ojeda Durán en una suerte de director ejecutivo de un conglomerado estatal, una responsabilidad que carece de paralelos en la historia moderna de las fuerzas armadas mexicanas.
Dirigir una institución militar que simultáneamente persigue a los cárteles de la droga y vende boletos de avión conlleva desafíos únicos. Existe un debate constante entre analistas políticos y expertos en seguridad sobre los riesgos de desviar la atención y los recursos de la Marina hacia tareas comerciales. La interrogante es si se pierde el enfoque en la seguridad nacional cuando la cúpula naval debe preocuparse por la rentabilidad de una aerolínea o la logística de una obra civil.
La respuesta de Ojeda Durán ante estas inquietudes ha sido eminentemente pragmática. Ha estructurado la SEMAR creando divisiones claras: por un lado, la fuerza operativa y de inteligencia, altamente especializada; por el otro, una rama administrativa que absorbe las nuevas responsabilidades civiles. Además, su continuidad en el cargo bajo la presidencia de Claudia Sheinbaum en 2024 demuestra que, más allá de los debates teóricos sobre la militarización, el poder político valora los resultados tangibles: infraestructura entregada, ingresos recaudados y una lealtad institucional inquebrantable.
José Rafael Ojeda Durán pasará a la historia no solo como un almirante que comandó operaciones en las sombras, sino como el artífice de la Marina más versátil —y compleja— que México haya tenido. Su legado plantea una reflexión duradera sobre el papel de los militares en la vida pública contemporánea. Mientras las aguas territoriales sigan requiriendo vigilancia, la Marina de Ojeda ya ha echado anclas en el corazón administrativo y económico del país, demostrando que, en el México actual, el uniforme naval sirve para mucho más que navegar.
Más allá de las fronteras marítimas: La redefinición del poder naval bajo José Rafael Ojeda Durán
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