Cuando Millonarios y Deportivo Cali se enfrentan, algo más que tres puntos están en juego. Hay un poso amargo. Una desconfianza que se arrastra a gritos en las gradas y silbidos entre amigos. Esta rivalidad no nace solo de lo deportivo: está atravesada por un evento oscuro que marcó a toda una generación de futbolistas y aficionados.
Llegamos al año 1992. Se cerraba un campeonato. Millonarios, dirigido por el histórico Gabriel Ochoa Uribe, y Deportivo Cali, con el argentino Roberto Telch en el banquillo, mantenían una puja cerrada en los primeros puestos de primera y segunda ronda. Sus enfrentamientos en segunda ronda, uno en el Pascual y otro en el Palmaseca, habían dejado cierta sospecha en el ambiente. La Liga anunció una investigación sobre un posible acuerdo entre los dos con la inclusión del América en el pacto. ¿Objetivo? Hacer inviable cualquier repunte del Santa Fe por el título, y pactar cuánto podían dejar subir o bajar el marcador según circunstancias. Millonarios acabó campeón, Cali subcampeón.
La cosa fue tan notoria que la Dimayor terminó investigando y sancionando a los implicados. El "Acuerdo de Chicoral" fue el nombre que quedó en la historia del fútbol colombiano. Es fácil pensar que los clubes "pagaron" su castigo y ya. Pero no es así.
Se explica así, no solo la rivalidad, sino el contexto de desencuentro multiplicado por otros factores: la lucha de poderes dentro de la FCF, las diferencias sobre origen (capitalino vs vallecaucano), el acento antioqueño en las temporadas públicas de Cali, la habitual puja por patronazgos dentro de grupos antagónicos. El "Pacto" fue la primera fisura pública de que el fútbol podía ser una construcción de intereses manejada desde despachos. La herida nunca cerró.
¿Por qué sigue este fantasma presente hoy? Porque es un guión fácil cuando las cosas van mal. Si uno de los dos pelea en la parte baja de la tabla, las emociones son rápidas a recordar "historias pasadas". Hay una sensación de que siempre se maquinea algo, que la planeación futbolística está trucada. En los años buenos, nadie habla. En los malos, esa sospecha histórica convierte los memes de las redes sociales en cohetes que prenden fácil.
La maniobra de Chicoral terminó afectando las relaciones internas de colombianos, deputados y hasta contrataciones en la Liga entre unos y otros por décadas. También sucede que, históricamente, nunca llegaron juntos simultáneamente al nivel deseado para que el duelo viera la razón. Todo se mezcló.
El último gran partido de ambos -con diferencia de clase y nivel de plantilla- acercó de nuevo el oscuro momento a la memoria. Millonarios ganó 3-0, con carrasco y benavent sentando posición. Los tuitazos volvieron rápidos a revivir la imagen de un consenso que, teóricamente, beneficia a las dos partes cuando más duelos surgen.
El fenómeno tiene una dosis de irracionalidad: ninguno de los jugadores que pisó el césped el miércoles anterior había nacido o era un crío cuando pasó todo. Pero en el fútbol colombiano hay psicología suficiente para entender que la mancha aceitoso de Chicoral sigue derramando.
La solución no es fácil. Sólo va a viajar con la construcción de historia nuevas –a base de buen juego, no de acuerdos surtidores–. Ya Sander en el cali no piensa en esos fantasmas y Losada en millonarios tiene muchos problemas más presentes. Pero sus públicos... Los públicos nunca olvidan. La memoria histórica, si no se disputa con rivalidad honesta sobre el campo, va a seguir siendo recuperable para cualquier desencuentro bajo palmaresca. Todo ese veneno lejano seguirá hoy envenenando el gran clásico del fútbol de transferencias en Colombia en cada unión-o menos de sus apasionados rivales.
Título: El pacto nefasto que sigue envenenando el clásico de Colombia
Source: HotArticle
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