Tobías Ramírez: cuando la edad se vuelve el centro del debate político

Hay nombres que llegan a la conversación pública no por una trayectoria extensa ni por una obra terminada, sino por la tensión que generan. El de Tobías Ramírez es uno de esos casos. Durante los últimos años, su figura apareció en medios argentinos como ejemplo de algo más amplio: el ascenso de dirigentes muy jóvenes a espacios de decisión y la incomodidad que eso provoca en una sociedad acostumbrada a medir la idoneidad por los años de recorrido.
Tobías Ramírez se hizo conocido a comienzos de la década de 2020, cuando fue designado al frente del Instituto Nacional de Juventud (INJUVE), un organismo dedicado a diseñar políticas para las personas jóvenes. Por entonces, su edad —veintitrés o veinticuatro años, según la fecha exacta de su nombramiento— se convirtió inmediatamente en el dato más comentado de su presentación. Para algunos, su designación representaba una apuesta por la renovación y por una mirada generacional distinta. Para otros, era la prueba de que en la política argentina los cargos no siempre se otorgan por experiencia, sino por cercanía a los espacios de poder.
El apellido Ramírez no era del todo desconocido en el ámbito de la militancia. Su vínculo con La Cámpora, la organización política fundada por Máximo Kirchner, fue señalado desde el primer momento como un factor relevante para entender su llegada al INJUVE. Ese tipo de señalamientos no es nuevo: cada vez que un dirigente joven ocupa un lugar de gestión, la pregunta sobre los méritos reales tiende a mezclarse con la sospecha sobre los contactos. El problema es que, al centrarse solo en la edad o en la pertenencia política, se pierde de vista lo que realmente importa en un funcionario: la capacidad de gestionar, de escuchar y de resolver.
Lo interesante del caso Tobías Ramírez no es si tenía o no razón en cada una de sus ideas. Es cómo su nombre funcionó como un espejo de expectativas contrapuestas. Por un lado, una parte de la sociedad reclama desde hace años que la política incorpore voces más jóvenes, personas que hayan crecido con problemas como la precarización laboral, el acceso a la vivienda o la crisis climática. Por otro lado, esa misma sociedad desconfía cuando alguien joven llega rápido a un escritorio con poder de firma. La sospecha no siempre es infundada, pero tampoco debería convertirse en una condena automática.
Hay una diferencia entre defender la experiencia como un valor y usar la edad como un argumento vacío. La experiencia no se mide solamente en años de militancia o en cargos anteriores. Se mide también en la capacidad de comprender los problemas de una generación y de traducirlos en políticas concretas. Un funcionario de veinticinco años puede tener una visión más cercana sobre ciertos temas que alguien de sesenta. O puede no tenerla. La edad, por sí sola, no garantiza nada. Ni la juventud es sinónimo de innovación, ni la madurez es sinónimo de parálisis.
El debate que rodeó a Tobías Ramírez, más allá de su caso puntual, dejó una enseñanza incómoda. En la discusión pública argentina, muchas veces se reemplaza el análisis de una gestión por el atajo de la etiqueta: “muy joven”, “muy cercano al poder”, “poca experiencia”. Esos atajos sirven para alimentar la polarización, pero rara vez ayudan a entender si una política pública funciona o no. Mientras tanto, los problemas que afectan a los jóvenes —el empleo inestable, la educación desigual, la falta de acceso a la tierra y al crédito— siguen esperando respuestas de fondo.
Quizás el mayor error no sea discutir si Tobías Ramírez merecía o no ese cargo. El error es creer que esa discusión agota el problema. Los organismos de juventud, en Argentina y en otros países, suelen tener presupuestos limitados y poca capacidad de incidir en las decisiones económicas que verdaderamente afectan a las nuevas generaciones. Cambiar a una persona no cambia esa estructura. Mientras el debate siga girando alrededor de nombres y edades, se seguirá postergando la conversación sobre el poder real, los recursos y las prioridades de una sociedad que envejece sin resolver las demandas de quienes recién empiezan.

Source: HotArticle

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