Cada cierto tiempo, acudimos a las urnas y marcamos una casilla. Depositamos en esa cruz la esperanza de que alguien, en un edificio lejano y solemne, defienda nuestros intereses y
Muchas personas imaginan el parlamento como un edificio solemne, lleno de banderas, escaños ordenados y discursos que la mayoría del público tolera más por costumbre que por interé