Si llegas a Tijuana en mayo esperando el calor inminente del verano y te recibes con un cielo plomizo y una llovizna persistente, no es que el pronóstico haya fallado. Simplemente
Hay mañanas de invierno en las que el primer aviso del frío no llega desde el cuerpo, sino desde afuera: el parabrisas del auto cubierto de una capa brillante, una hoja de lechuga