Hay un momento exacto en la vida de todo gobernante electo en el que la atención se desplaza. Pasa de cumplir las promesas de campaña a calcular las posibilidades de la siguiente.
Hay una escena que se repite cada cierto tiempo: una persona espera su turno, toma una papeleta o se coloca frente a una pantalla, marca una opción y la deposita en una urna. Desde